Así como compartía momentos de reflexión con mi abuelo, también compartía varias tardes a la semana un paseo con él desde casa para poder asistir a las clases de danza clásica, desde pequeña me había apasionado el ballet. En aquella época mis padres y su socio gestionaban dos salones de peluquería y estética en Barcelona.Sigue leyendo «Un verano entre eclipses»